Hemos constatado, desde hace tiempo, que la rutina diaria y el activismo al que nos vemos sometidos nos dificulta poder vivir nuestra espiritualidad más intensamente, tanto desde el punto de vista comunitario como individual.
Esto nos impulsó a darle un mayor protagonismo a la espiritualidad en nuestra vida comunitaria. Y se manifestó a nivel formativo, reflexionando específicamente sobre la espiritualidad, introduciendo más espacio para la oración y la celebración de la eucaristía comunitarias. Además de ser un aspecto que tenemos muy presente en nuestro proyecto comunitario y en los proyectos personales.
Cuando las circunstancias personales nos superan y cuando vivimos momentos de felicidad plena es cuando más nos acordamos de la espiritualidad. Pero nos encontramos con una gran dificultad en el propio ritmo de vida que nos impone la sociedad, la escala de valores de cada uno y el ambiente laicista en el que tenemos que desarrollar nuestra misión como seglares, que hacen que nos cueste encontrar momentos de encuentro personal con Dios de manera sosegada, por lo que muchas veces vivimos la espiritualidad en nuestra propia misión.
Desde nuestra opinión, los rasgos esenciales de una espiritualidad claretiana para hoy serían: el encuentro personal con Dios que nos impulse a la misión y evangelización en nuestra vida cotidiana; y la presencia constante de la Virgen María en nuestras vidas.
Nuestra vocación seglar nos ofrece el hecho de estar insertos en el mundo como gran ventaja para desarrollar un camino espiritual en nuestros ambientes, y nos brinda la posibilidad de ser alternativa a los valores que imperan en nuestra sociedad.
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