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  • Ideario de Seglares claretianos

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    Nuestra espiritualidad es la respuesta generosa, bajo la acción del Espíritu, al modo concreto de seguir a Jesús expresado en la vocación y misión que hemos recibido de Dios. Nuestra vida espiritual es el punto de confluencia del carisma y del compromiso misionero; donde se unen la llamada de Dios y nuestra respuesta personal a la misma (…) El Espíritu mismo, que ha sido enviado a nuestros corazones, es quien impulsa y dinamiza nuestra vida espiritual.(…) Ideario de los Seglares Claretianos. Nº28 En nuestra vida espiritual se funden en perfecta unidad todas las dimensiones de nuestra existencia: nuestra inserción en el mundo, nuestras responsabilidades y nuestras tareas temporales, nuestra acción, nuestra oración y nuestra vida sacramental, como expresiones inseparables de la realidad única e indivisible del amor con que amamos a Dios y a los hombres. Ideario de los Seglares Claretianos. Nº29

¿Como Vivimos nuestra fe en el Trabajo?

Trabajo como médico en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz. A la vez, formo parte del grupo MIRIAM, un grupo de cristianos que con inquietudes nos reunimos cada 15 días, en el carisma de Antonio María Claret. Lo primero que tengo que compartir con vosotros es la vocación del trabajo. Evidentemente, un trabajo como el de médico, en el que acompañamos a las personas en sus momentos de enfermedad, no puede realizarse sin una clara vocación hacia el vivir y compartir estas situaciones con las personas. La visión cristina de la vida hace que sientas el dolor humano del que acompañas con cercanía y con amor. Hoy en día vivimos un existir tecnificado. En medio de tanto ordenador, de tanta ciencia y tantas técnicas. Faltan respuestas cristianas a muchas realidades humanas como es la del dolor y la enfermedad. Ahí es donde los cristianos que trabajamos con la salud de las personas debemos transmitir a ese Jesús que se acerca a las personas, para llamarlas por su nombre, para tocarlas y así “curarlas”. Con multitud de gestos sencillos, profundos se transmite la realidad del evangelio. Y por supuesto, llevando en esos momentos de desesperación y desconsuelo, el mensaje de un Cristo que viene para que “vivamos en abundancia”. (Antonio Huete)